noviembre 12, 2019

Daniel Alonso: “En Martín Vargas estaban todos los elementos para ser campeón mundial”

Daniel Alonso: “En Martín Vargas estaban todos los elementos para ser campeón mundial”

Camilo Espinoza Noviembre 4, 2019 Esquina Neutral

Lo primero que le dice Daniel Alonso a la delegación chilena que está presente en la 57° Convención del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) es que él conoce mucho de nuestro país porque curiosamente estudió en el colegio República de Chile de Panamá. Y no es broma. Sus conocimientos, particularmente del boxeo chileno -conocido por sus sinsabores y derrotas en las instancias decisivas- deslumbran.

Pese a ser abogado de profesión, Alonso lleva 42 años en el periodismo. 20 de ellos dedicados a Lo Mejor del Boxeo (LMB), el programa de televisión especializado en el noble arte más antiguo del mundo. Recientemente recibió la condecoración Dr. Elías Córdova por parte de la Comisión de Boxeo Profesional de Panamá (Comibox), y fue elegido como Comentarista del Año por el CMB. En Boxeadores.cl conversamos con este histórico hombre de boxeo, dueño de una memoria privilegiada y una de las voces más importantes del continente sobre el pugilismo.

-El 2019 ha sido un año trágico para el boxeo. En seis meses ya han ocurrido tres muertes sobre el ring. ¿Qué está pasando? ¿Cual es su visión al respecto?

Coincido contigo. Pienso que el trágico desenlace que hemos estado viviendo, más recientemente con Patrick Day, es una situación que a todos nos afecta. Incluso a los detractores naturales del boxeo les significa una especie de pasto abonado para arreciar sus críticas contra nuestro deporte, tildado como muy violento, etc. Yo sigo pensando que todas las medidas que se puedan tomar orientadas a la salvaguarda de la integridad de los boxeadores son necesarias, pero siempre serán insuficientes.

Si usted analiza, obviamente el boxeo de hoy registra un saldo menor en víctimas fatales que el que podría tener en épocas como los años ’40 o ’50. Eso no nos tiene que servir a nosotros de ningún tipo de resignación o conformismo. Tenemos que aspirar a tener una actividad deportiva que sea interesante, competitiva y que signifique cero pérdida de vidas humanas.

Pienso que los esfuerzos que se están haciendo en cuanto a los controles previos a las peleas, tipo pesajes, exámenes médicos más exhaustivos y respaldados por una actuación más protectora por parte de los árbitros. Muchas veces nos quejamos cuando un árbitro detiene una pelea que a nuestro juicio, que no estamos en el ring ni estamos viendo tan cerca, un boxeador podía seguir. Yo soy de los que está en el grupo que piensa que es mejor cuestionar a un árbitro por tomar una decisión un poquito anticipada, que tener que cuestionarlo por no haberla tomado a tiempo y haber provocado una desgracia en el boxeo.

En resumidas cuentas, creo que hay que seguir trabajando en los controles previos, durante y posteriores a la pelea, para llegar al día en que podamos tener una actividad boxística de alto nivel, de alta competitividad, pero sin resultados trágicos como los que hemos vivido.

-En esta convención, una de las medidas que está en evaluación es reducir la cantidad máxima de rounds de 12 a 10. ¿Qué le parecería este cambio?

Pudiera ser una consecuencia lógica si analizamos la evolución histórica del boxeo, que empieza sin límite de asaltos. Era hasta que uno de los dos boxeadores se rindiera o desfalleciera. Luego, un gran avance del boxeo en aquella época es poner las peleas a 20 asaltos. Después a 15. Luego en el año ’83, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) toma la medida tan importante de bajar los combates titulares a un máximo de 12 asaltos. Decisión que luego acepta la AMB y varios años después la FIB. La OMB, como se funda a fines de los años ’80, desde el primer día tuvo sus primeras peleas titulares a 12 asaltos.

Pienso que pudiera ser una medida sensata, pero eso tiene que debatirse. A mí no me hacen ruido las peleas a 12 asaltos. Pienso que un atleta promedio a ese nivel tiene la habilidad, la estamina, la condición física y la preparación para combatir 36 minutos consecutivos, es decir, 12 asaltos de tres minutos con los consecuentes descansos. No me desespera el hecho de bajar a 10 asaltos, pero si fuera la decisión que se toma, la aceptaríamos si fuera para la salud de los boxeadores.

-También se está evaluando la inclusión de tecnología en el boxeo. Sin embargo, muchos dicen que entorpecería el boxeo, porque se trata de un deporte de apreciación. ¿Cuál es su mirada?

Estoy de acuerdo con que la tecnología es necesaria. Decir que no lo es porque el boxeo tiene una tradición x, y o z es como caminar de espaldas a la realidad. La actividad deportiva mundial se sustenta y se respalda en el uso de tecnología y no iría en contra del consabido sentido de apreciación del boxeo, porque a mi juicio la utilización de tecnología se daría en situaciones que pudieran plantear alteraciones o violaciones al reglamento o al propio desarrollo del combate.

Por ejemplo, un juez va a votar 10-9, 10-8 o 10-7, en base a lo que él está viendo en un determinado asalto. Eso no podemos regularlo. Para eso tenemos peritos. Nuestros jueces son peritos, sino lo haríamos por aplausos, que el público aplauda quien ganó este asalto o quien lo perdió. Pero si hay una lesión en un párpado o una ceja, que ni el árbitro ni los jueces pueden constatar que fue producto de un golpe, ¿por qué no revisar el video para estar seguros si fue un cabezazo o un golpe legal? Todo el que conoce de boxeo sabe que hay una diferencia enorme entre uno y otro. Si hay una preocupación por un golpe bajo ¿por qué no verificar si en efecto fue un golpe bajo? Si hay una caída que la esquina o el boxeador considera que fue un resbalón, ¿por qué no revisar si hubo golpe o no?

Recuerda que hay puntos en la movilización del árbitro en el entarimado donde entran lo que llamamos “puntos ciegos”. ¿Por qué no darle la oportunidad, utilizando la tecnología, de que ese árbitro pueda estar seguro? Partimos del hecho de que el árbitro procura hacer justicia boxística. Es probable que cometa una injusticia por desconocimiento, por no haber visto adecuadamente. Así que yo estoy en el bando de los que piensan que sí se puede y se debe implementar la tecnología debidamente reglamentada para situaciones muy puntuales y muy específicas.

La fórmula panameña
-Pese a ser un país muy pequeño, Panamá ha sido cuna de campeones mundiales de mucha relevancia ¿Qué ha pasado los últimos años? ¿cuál es su balance?

El boxeo panameño, si usted lo graficara desde el año 1920, donde empezó la actividad propiamente tal, se va a dar cuenta que su historia es una especie de ciclo de olas, con altas y bajas. Puntos muy altos y puntos muy bajos.

Por ejemplo, la llamada época de oro del boxeo panameño que fue en los años ’70. En el año 1972, Panamá no llegaba ni al millón y medio de habitantes, pero llegó a tener cuatro campeones mundiales simultáneamente. Lo repitió en el año ’76 y luego en el año ’80. Después el año 2000. Han habido cinco momentos en la historia del boxeo panameño, donde esta nación tan pequeña ha tenido cuatro campeones mundiales simultáneos. Pero también usted va a encontrar en ese recorrido histórico momentos donde la ola va hacia abajo. Hemos tenido momentos verdaderamente difíciles donde nuestros boxeadores han intentado incluso en 17 ocasiones consecutivas buscar un campeonato mundial sin lograrlo. Eso responde a diferentes conceptos.

Lo dije hace poco en la cena de gala en la Comisión de Boxeo de Panamá, donde fui distinguido, y me sustento en la historia: Siempre el boxeo se levanta y triunfa. No tengo dudas de que a lo mejor nos tome un tiempito con los muchachos que están creciendo profesionalmente, en un año o dos, podremos volver a tener campeones mundiales. Lo que pasa es que un país como Panamá, que se ha acostumbrado a tener campeones mundiales, cuando no los tiene hay una sensación como de crisis, de que algo no anda bien, de que el boxeo panameño está en decadencia. Pero no, el boxeo panameño siempre se levanta.

-Si hubiera que elegir dos o tres elementos para armar la fórmula que tiene el boxeo panameño para sacar campeones, o buenos boxeadores en general, ¿Cuáles serían?

Hay un poquito de todo. Es muy difícil que alguien pudiera darte una especie de fórmula, si tuvieras a+ b + c vas a tener un campeón mundial. Eso pudiera ser desde lo abstracto, pero el aspecto material del boxeo está todavía vinculado a muchos otros aspectos.

Ismael Laguna, primer campeón mundial de Panamá
Por ejemplo, en el caso de la gran época de oro de la que te hablé de Panamá en los años ’70 hay un elemento que no podemos soslayar. Panamá tenía una vigencia dirigencial muy importante. Tuvo al primer presidente latino de un organismo mundial de boxeo, que fue el dr. Elías Córdova. Antes de ser presidente de la AMB, había sido presidente del comité de campeonatos mundiales y del comité de clasificaciones. Eso le da cierta ventaja al boxeador panameño. No es un secreto. Sin desmerecer el gran potencial del boxeo mexicano, no podemos negar que el hecho de que el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) radique en México, represente alguna ventaja para el boxeador mexicano. O que Puerto Rico con Valcarcel (presidente de la OMB) no hayan tenido muchos muchachos portorriqueños la posibilidad que en otras circunstancias no lo hubieran tenido. O Venezuela con los Mendoza, etc. Panamá lo tuvo en su momento con Córdova y con Rodrigo Colón Sánchez, que son los dos panameños que han dirigido la AMB.

Hay otros aspectos que no sé cómo explicar. Nosotros tuvimos un gran ídolo que se llamaba Ismael Laguna. Si tú me dices… ¿el boxeo olímpico, que es el paso previo al profesional, influyó? Yo tendría que decirte que no. Si Laguna hizo como nueve u ocho peleas amateur. No tuvo ciclo olímpico, no fue a ninguna Olimpiada. Era un boxeador natural, con una habilidad natural que impresionó al mundo y trastocó valores en ese momento. El estilo de Laguna era un estilo verdaderamente formidable, de pegar y que no te peguen. Un boxeador que nunca que fue noqueado, que nunca fue cortado. Son elementos que surgen esporádicamente, no sé si llamarlos, de generación espontánea. Pero marcan la vida de los países, porque cuando Laguna se convierte en el gran ídolo del boxeo panameño, la corriente que conformó la generación de oro del ’72 fue producto de ese influjo. Incluso, Roberto Durán narra que cuando Ismael Laguna derrota a Carlos Ortiz en 1965, él era un mozalbete, un muchacho que estaba trepado en un camión viendo a lo lejos la pelea de Laguna. Y él recuerda que a Laguna le regalan una campana, se refiere así a la forma que tenía el trofeo, que parecía una campana, una copa invertida. Él dice “yo quiero ser como él”. Eso lo relata Roberto Durán, que al ver a Laguna nace su deseo de ser boxeador. Recordemos que el ’72 también se coronó Frazer, Pinder y Marcel. Si usted analiza los estilos de pelea de todos ellos, salvo el de Durán que era más pegador, todos eran del estilo estilista, esgrimista que hizo popular a Laguna.

Roberto “Mano de piedra” Durán
A eso también tienes que agregarle el trabajo de los entrenadores. Panamá tuvo una escuela brillante que en el caso de Hilario Zapata y Eusebio Pedroza logró reconocimiento mundial. Eran entrenadores panameños con sus propias fórmulas. Ya sabemos que hoy día todos esos conceptos de preparación del boxeo han cambiado. Ahora se utiliza mucho más la tecnología, las cámaras hiperbáricas, las pesas. Era impensable, cuando yo era muchacho, ver a un boxeador levantar pesas. Era otro tipo de formación.

Respondiéndote, yo creo que es un poquito de todo. No puedes en blanco y negro, en un papel, poner una fórmula, que es la que te va a dar un resultado indefectible. No, influyen muchos elementos.

-Cuando se habla de boxeo mexicano se hace siempre referencia a cierto estilo de boxeo. Para lo mismo con el boxeo cubano, por ejemplo. ¿Podríamos decir que existe una escuela del boxeo panameño?

Hay rasgos que identifican, pero que van cambiando. Si usted ve a un boxeador mexicano como el Títere Vázquez, por ejemplo, y usted está medio desprevenido, va a pensar que es venezolano, portorriqueño o panameño, pero no mexicano, porque es un estilista. Cuando uno piensa en el boxeo mexicano de Olivares, Rafael Herrera, Chucho Castillo o Romeo Amaya, era el boxeador con un corazón que no le cabía en el pecho, que iba hacia adelante y no importa cuál fuera el peligro. Que asimilaba muchos golpes y se la rifaba, como decimos en buen panameño. Hoy día nosotros tenemos boxeadores que mantienen esa tradición mexicana de gran valor, de gran entereza boxística, pero con mucha más técnica. Nosotros vemos a Carlos Cuadras, Juan Francisco Estrada, Abner Mares o Leo Santa Cruz y nos damos cuenta que se mantiene la esencia de aquella escuela mexicana, que se fundamenta en el pundonor y en el valor, pero con variantes de estilo, de movilización, de fina esgrima.

En el caso de Panamá influyó mucho la escuela cubana, que en los años ’30 y ’40 tuvo una época muy buena, que dejó una semilla que asimilaron los entrenadores panameños. Esa misma vinculación caribeña de Panamá con Colombia, Venezuela, Puerto Rico y República Dominicana, esa esfera caribeña muestra que hay muchas similitudes.

La crisis del boxeo sudamericano
-A contraparte de lo que pasa en México y el Caribe, en Sudamérica enfrentamos una especie de crisis. Argentina, que normalmente tenía campeones mundiales, actualmente no tiene ninguno. Pasa lo mismo con Brasil, Colombia, Venezuela y Chile para qué decir. ¿A qué se lo atribuye?

A momentos. No todos los momentos pueden ser iguales. Argentina hace muy pocos años tuvo una época fabulosa con Maravilla Martínez, el Chino Maidana, Matthysse y Narváez. Hubo un momento en que Argentina tenía cuatro o cinco campeones mundiales. Hoy día, como ha habido ese bajón, uno lo percibe y lo resiente. Pero con la actividad de boxeo que hay en Argentina. Uno entra a Boxrec y cada fin de semana hay 12 o 14 funciones de boxeo en distintos lugares de ese país. Hay que colegir que esas semillas que están sembrando va a dar sus frutos.

Por otro lado, lo de Brian Castaño es una pena porque es un tremendo peleador. Digo que es una pena porque ese abandono de título responde a ciertos incumplimientos que son muy lamentables en el boxeo. El boxeo requiere seriedad, requiere honorabilidad. Así que yo lamento mucho, porque he transmitido peleas de Castaño y ya mostraba su calidad desde las filas del boxeo olímpico. Es un tremendo peleador que merece ser, en estos momentos, campeón mundial.

La maldición del boxeo chileno
-En nuestro país pasa que, cada vez que un boxeador chileno enfrenta combates decisivos, no puede triunfar. Le pasó a Loayza, a Arturo Godoy dos veces contra Joe Louis. El caso más icónico es el de Martín Vargas, que fue cuatro veces challenger al título mundial ¿A qué le atribuye esta suerte de maldición del boxeo chileno?

Chile, como bien sabemos, no ha sido una nación donde el boxeo ha producido campeones mundiales. Pero ha tenido figuras muy emblemáticas que aún, cuando no llegaron a coronarse, dejaron una huella. El caso de Tani Loayza es uno de ellos. El caso de Arturo Godoy, este boxeador de Iquique, que en los años ’40 pelea dos veces con Joe Louis. La primera vez fue en el Garden de Nueva York en una pelea cerrada que se fue a la decisión de los 15 asaltos. Tan cerrada. No recuerdo si fue decisión dividida…

–Sí, fue dividida.

Fue dividida, ¿verdad? Disculpa, es que no soy experto en boxeo chileno (se ríe). Pero he visto y he leído. Luego la revancha la hacen en el Yankee Stadium, y ahí sí obviamente Louis gana de una manera más contundente. Pero que un latino como Arturo Godoy, como en su momento lo hizo el Toro Salvaje de las Pampas (Luis Ángel Firpo) en aquella pelea con Dempsey por el campeonato mundial de peso pesado. Esas peleas eran rarezas, porque el mundo del boxeo en Estados Unidos giraba en torno a sus consabidas inmigraciones, con irlandeses, europeos, ingleses, judíos. Cuando Firpo y Godoy surgieron eran rarezas. Te imaginas cuánta gente en Nueva York se preguntaba en el año ’40 por la historia del boxeo en Chile.

Luego vamos recorriendo el camino y en el año ’60 debuta Godfrey Stevens, un boxeador que tuvo una tremenda carrera, pero que tampoco logró el título mundial. La primera vez fue con Shozo Saijo.

-En Japón, exacto.

Anda acordarme por si la memoria me falla. Stevens viene a perder sus últimas cinco peleas al final de su carrera. Cuando pierde con El Púas Olivares y Alexis Argüello. Esa fue su última pelea. Él fue un boxeador de clase, un boxeador ganador, pero no pudo lograr su sueño.

Cuando Godfrey ya se está retirando a inicios de los ’70, surge Martín Vargas. Este peso mosca, gran pegadorazo, que triunfó sobre varios panameños. Martín Vargas tuvo victorias sobre Alfonsito López, que fue campeón mosca mundial, y Rafael Pedroza, que fue campeón súper mosca. Tuvo victorias importantes. Y le toca pelear con tres “hall of famers”, tres campeones mundiales que son hoy depositarios de la grandeza del salón de la fama de Canastota en Nueva York. Primero peleó dos veces con Miguel Canto, el gran maestro yucateco, el maestro del esgrima, el hombre que peleaba 15 asaltos sin alterar su pulsación. Le ganó dos veces, una de ellas en el propio territorio chileno. Luego vino Betulio González en la Maestranza César Girón de Maracay, Venezuela. Y después con Yoko Gushiken. Cuatro miembros del Salón de la Fama. Martín Vargas tenía todo para ser campeón, incluso la idolatría popular. Solo Dios sabe qué pasó. Todo parecía estar hecho para que Martín Vargas fuera campeón mundial. Pero cuando tú hablas con los veteranos del boxeo, los que vieron el boxeo en los ’60, ’70 y ’80, siempre te mencionan a Martín Vargas. Es una especie de campeón sin corona.

-Pero volviendo a la pregunta, ¿cree que es sólo una cuestión de mala suerte?

No lo pudiera decir. Estoy tratando de documentártelo con ejemplos, para darle mayor fuerza a mi argumento, de que en Martín Vargas estaban todos los elementos para ser campeón mundial. La primera razón puede ser que le tocaron tres fenómenos, sin desmerecer a los campeones mundiales porque para mí todos son igualmente valiosos. Pero hoy día Martín Vargas sería campeón mundial porque en lugar de uno, hay cuatro organismos mundiales, todos con igual reconocimiento. Y no es que un campeón sea menos que otro, sino que ¡hombre! en un listado de cuatro campeones, habrá alguno que pudiera ser un poco más accesible. Martín no tuvo esa posibilidad. Así hay casos en el boxeo panameño, de boxeadores que debieron haber sido campeones mundiales y no llegaron a serlo, porque enfrentaron a boxeadores que verdaderamente eran invencibles. Yo tengo dos compatriotas que lo merecieron, pero mira quién era el campeón: Khaosai Galaxy. Qué mala fortuna.

Son muchas razones. No puedo decir ni siquiera que peleó en la casa de los rivales, porque la segunda pelea con Canto peleó en Chile. Así que tampoco puedo decir que no tuvo oportunidad de localía.

Los huérfanos de Mayweather
-Actualmente vivimos una era sin una gran figura indiscutida, como lo era Floyd Mayweather hace algunos años. Hay aspirantes como Lomachenko por la técnica, o Canelo Álvarez por la capacidad de hacer negocios ¿Cómo evalúa este escenario?

Creo que con cierta frecuencia he escuchado en mi experiencia como comentarista de boxeo aquella frase de que ya no quedan ídolos. Cuando tú analizas equilibrada y objetivamente, tú te das cuenta que, salvo algunas variantes, el boxeo siempre renace, cuando un ídolo se va, renace otro. Cuando Juan Carlos Tapia transmitía para Panamá a Tyson, no había nada más grande que él. Mike Tyson era el más grande generador de dinero, sus peleas eran multimillonarias, llenó una época de grandes conquistas, su condición prácticamente de invencible hasta que Buster Douglas lo derrota en Japón, su condición de tipo controversial, polémico. Cuando Tyson terminó preso por tres años y tanto, uno pensaba que no iban a salir otras figuras importantes, tanto en los pesos pesados como en otras categorías. Cuando Óscar de la Hoya emerge como la gran figura carismática del boxeo, subió un nuevo Golden Boy. Cuando se va, se piensa que no va a haber más estrellas. Incluso cuando Mayweather anuncia el primero de sus retiros, se le extrañó poco porque Manny Pacquiao asumió su rol de gran estrella y nadie extrañó a Floyd. Es ahí cuando regresa. Él pensaba que el boxeo no iba a subsistir sin él.

Hoy tenemos una máquina de hacer dinero que se llama Canelo Álvarez, que está buscando hacer cosas impensables. La búsqueda del título semipesado es un paso verdaderamente complicado. Desde Henry Armstrong que fue campeón mundial pluma, ligero y welter, el mundo del boxeo no había sido tricampeón mundial simultáneamente. Así que el boxeo se va regenerando, va renaciendo, van surgiendo figuras.

-De su gusto personal, si hubiera que elegir tres boxeadores de la escena mundial actual que considere interesantes y más le llamen su atención ¿Quiénes serían?

Yo soy admirador públicamente de Saúl “Canelo” Álvarez; lo soy de Terence Crawford, el invicto campeón mundial de peso welter; y por supuesto de Vasyl Lomachenko. No son los únicos que admiro, pero como me pediste tres nombres, te doy esos tres.

-Una de las grandes hazañas que tuvimos el último tiempo fue la de Andy Ruiz contra Anthony Joshua. ¿Cómo ve la revancha?

Fue la sorpresa del siglo XXI. Recordemos que Ruiz no era el rival de Joshua, sino el Bebesón Miller que sale positivo en un dopaje a pocas semanas de la pelea. Se intenta buscar a King Kong Ortiz, quien no acepta. Me extrañó que no aceptara porque la paga era muy buena. Y luego estaba Andy, que acababa de pelear dos semanas antes cuando recibe la noticia. No creo que hubiera nadie sensato en el mundo del boxeo que hubiese podido pensar que ocurriría lo que ocurrió. Es más, cuando Joshua derriba a Andy, yo me imagino que todos experimentaron lo que experimenté yo. Pasó lo que tenía que pasar. A lo mejor Andy se para, lo vuelven a derribar, le cuentan y no pasó nada. El muchacho llegó de sustituto a última hora y cobró un buen cheque. Pero no, se paró a derrotar a Anthony Joshua en un episodio verdaderamente épico. Es algo impensable. Y ahora va a tener que ratificarlos en diciembre 7 cuando ocurra la revancha en Arabia Saudita.

-¿Tiene pronóstico para la revancha?

Mi pronótico es que Joshua gana por KO. Espero equivocarme.

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